Ahora tomamos un poco de maror y lo untamos en el Jaroset. Recitamos la siguiente bendición y luego comemos el maror (sin reclinarse):
בָּרוּךְ אַתָּה יי אילָּהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָנוּ בְּמִצְוָתָיו וְצִוָּנוּ ול אֲכִלַת מָרוֹר.
Baruj atah Adonai Eloheinu melej ha-olam, asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu al ajilat maror.
Bendito eres tú, Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, qué nos enseñas el camino a la santidad a través de tus mandamientos, ordenándonos comer maror.
Comemos el Maror.
Con la cuarta copa, alaba la gloria de Dios.
Te traeré ante mi -dice Dios.
A un pueblo
Y seré tu Dios en pacto eterno.
Ya pero… ¿puedo leer antes de firmar?
El compromiso con los deberes
No tiene valor alguno, sin la libertad de elegir (y de desobedecer).
Así que bebe de la copa de la Restauración
El fruto de nuestra Conexión Sagrada.
Y Dios nos dice:
Te sacaré de ahí.
Te liberaré.
Te redimiré.
Te traeré ante mí. ¡Lechaim!
Amen
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, בּוֹרֵא פְּרִי הַגָּפֶן
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, borei pri hagafen.
Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que creaste el fruto de la vid.
Pesaj es un momento de inclusión.
En la noche del seder, hay dos minutos en los que metafóricamente abrimos la puerta e invitamos a los demás. El primero es al comienzo del Maguid, en que decimos “Todos quienes tengan hambre, que vengan y coman.” Y hay un lindo mensaje aquí: Alguna vez fuimos esclavos, pobres y hambrientos. Ya no lo somos; sin embargo, recordamos nuestra redención al compartir lo que tenemos con los demás.
El segundo momento viene cerca del fin del seder, con la tradición de servir una quinta copa de vino, que decimos es para el profeta Eliahu. Este es un acto de fé, una afirmación de que, si bien somos un pueblo libre, nuestra redención no está completa; sino que está aún por venir.
Desde el más oprimido al más celebrado, el mensaje es claro: todos son bienvenidos, y todos son necesarios. ¿Por qué hacemos tal esfuerzo para incluir a todos en el seder? Un chiste bastante antiguo dice que si en un cuarto hay 3 judíos; puedes plantear cualquier tema y tendrás al menos seis opiniones. Si bien compartimos la idea que nuestra redención no está completa, no esperamos que llegue mágicamente por obra de un profeta. Hacer de este un mundo mejor para todos: Ese es el objetivo, y nuestra tarea. Y probablemente, solo al incluir a los demás, comenzamos a cumplir con esta tarea.
Vamos a tomar la primera de cuatro copas de vino Cediendo el control Al vino, a la historia, a Dios.
Estamos en Egipto, un lugar claustrofóbico, y Dios nos dice: Te liberaré. Te rescataré. Te redimiré. Y te traeré hacia mi. Santifica el día con la primera copa.
Te liberaré -dice Dios-, de los lastres de Egipto.
Muy bien... pero, ¿y los lastres de hoy en día?
Guerra, explotación, esclavitud, desigualdad...
Muchas cosas no han cambiado.
Mejor será salir, levantarnos, Resistir a quienes nos oprimen Y cada uno liberar nuestros lugares. Así que bebamos de la Copa de la Santificación; el fruto de nuestras esperanzas y oraciones.
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, בּוֹרֵא פְּרִי הַגָּפֶן
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, borei pri hagafen.
Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que creaste el fruto de la vid.
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְּמָנוּ וְהִגִּיעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּה
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, she-hejeianu v’ki’manu v’higuianu lazman hazeh.
Bendito eres tu, Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que nos diste la vida, nos sostuviste y nos hiciste presenciar este momento.
Y bien, este es el Maguid.
La parte del Seder donde contamos la historia
De nuestra partida de Egipto.
Aunque en realidad,
Pasamos más tiempo hablando sobre contar la historia, que contando la historia.
Esta es una haggadah muy meta,
Llena de números,
Cuatro preguntas,
Cuatro copas de vino,
Cuatro hijos,
Cuatro formas de preguntar,
¿Por qué esta noche es distinta a las demás?
El primer hijo,
Se lo sabe por libros.
El hijo sabio
Se sabe todas las reglas.
Es directo,
Sin cuentos,
Esto es lo que debes hacer en Pesaj:
Cuenta la historia
Moja las yerbas
Reclínate
Bebe cuatro copas
No comas pan leudado
Haz las preguntas
Oye las respuestas.
Es obvio.
Duh.
La segunda hija,
La que se pasa de lista,
Es lista, y se pasa tirando mierda.
No le importan las reglas
Si no sabe su propósito
Quiere contenido
Lo repite hasta volverse imposible
Porque a veces, formular la pregunta
Que lógicamente debe venir
No es posible, sin caerle mal a alguien.
“Qué significa esta historia para ti?” pregunta.
Y suena como un reto, pero no lo es.
Realmente quiere saber:
¿Qué significa?
Entonces, le explicas:
Libertad para ser quien eres,
Para elegir y tomar decisiones, para buscar a Dios, le encuentres o no.
Para volverte una persona, y luego parte de un pueblo,
Para hacer preguntas.
El tercer hijo,
Un principiante,
No sabe qué hacer
Ni sabe por qué lo estamos haciendo…
No sabe que no sabe.
¡Un bebé!
Por lo que a él le dices,
Contamos una historia genial
Con un principio, un desenlace y un final
Y un héroe
Y un villano
Y milagros, bailes, y bichos y animales muertos y mucha sangre,
¡Te va a encantar!
Y por esto contamos la historia…
Para no olvidar que alguna vez fuimos esclavos,
Para no olvidar lo que Dios hizo por nosotros,
Para no olvidar la Torah,
Y el seder es nuestra forma de recordar.
Y porque recordamos
No esclavizamos a otros.
Nos maravillamos en presencia de Dios.
Estudiamos la Torah
Y contamos historias.
Y luego está la hija que no sabe qué ni cómo preguntar.
¿Será porque no le importa?
¿Porque no tiene un contexto?
¿Está demasiado asimilada como para verle el interés?
Tal vez, ¿Es porque nadie le permite hablar…
…y entonces, ya ni siquiera lo intenta?
Sentada al final del bus,
No la dejan estudiar Torah,
Casada a los diecisiete,
Pariendo a los dieciocho.
No nos quedemos esperando que hablen.
Estiremos la mano y hablémosles,
Fuimos esclavos
Ahora somos libres
Y hay tanto por aprender y por hacer
Y tú puedes aprenderlo, tú puedes hacerlo
Y nosotros te ayudaremos.
Tienes el potencial,
Simplemente no lo sabes aún.
Ahora comparemos a estos cuatro niños
Con los cinco rabinos sentados conversando
En Bnai Brak.
Cada uno de ellos sabe de memoria el significado literal.
Todos probando a tocar fondo de lo arcano y lo simbólico.
Cualquiera de ellos puede contar un cuento para llenar un vacío.
Cinco de cinco han sido inspirados por la revelación de Dios.
Conocen las reglas, y el significado y las historias
Y, oh por Dios, si tendrán el privilegio de hablar.
Se quedan despiertos toda la noche
¡Y hablan, hablan y hablan!
Cada uno más inteligente que el otro
Pero llegada la mañana, al entrar sus discípulos,
Aún no han dicho sus rezos.
Porque son incapaces de parar de hablar.
Y le dicen a los estudiantes,
“¡Oigan ustedes…
...Shema – Escuchen!
¿Por qué esta noche es distinta a las demás?”
Ahora tomamos un poco de maror y lo untamos en el Jaroset. Recitamos la siguiente bendición y luego comemos el maror (sin reclinarse):
בָּרוּךְ אַתָּה יי אילָּהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָנוּ בְּמִצְוָתָיו וְצִוָּנוּ ול אֲכִלַת מָרוֹר.
Baruj atah Adonai Eloheinu melej ha-olam, asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu al ajilat maror.
Bendito eres tú, Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, qué nos enseñas el camino a la santidad a través de tus mandamientos, ordenándonos comer maror.
Comemos el Maror.
Con la cuarta copa, alaba la gloria de Dios.
Te traeré ante mi -dice Dios.
A un pueblo
Y seré tu Dios en pacto eterno.
Ya pero… ¿puedo leer antes de firmar?
El compromiso con los deberes
No tiene valor alguno, sin la libertad de elegir (y de desobedecer).
Así que bebe de la copa de la Restauración
El fruto de nuestra Conexión Sagrada.
Y Dios nos dice:
Te sacaré de ahí.
Te liberaré.
Te redimiré.
Te traeré ante mí. ¡Lechaim!
Amen
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, בּוֹרֵא פְּרִי הַגָּפֶן
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, borei pri hagafen.
Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que creaste el fruto de la vid.
Pesaj es un momento de inclusión.
En la noche del seder, hay dos minutos en los que metafóricamente abrimos la puerta e invitamos a los demás. El primero es al comienzo del Maguid, en que decimos “Todos quienes tengan hambre, que vengan y coman.” Y hay un lindo mensaje aquí: Alguna vez fuimos esclavos, pobres y hambrientos. Ya no lo somos; sin embargo, recordamos nuestra redención al compartir lo que tenemos con los demás.
El segundo momento viene cerca del fin del seder, con la tradición de servir una quinta copa de vino, que decimos es para el profeta Eliahu. Este es un acto de fé, una afirmación de que, si bien somos un pueblo libre, nuestra redención no está completa; sino que está aún por venir.
Desde el más oprimido al más celebrado, el mensaje es claro: todos son bienvenidos, y todos son necesarios. ¿Por qué hacemos tal esfuerzo para incluir a todos en el seder? Un chiste bastante antiguo dice que si en un cuarto hay 3 judíos; puedes plantear cualquier tema y tendrás al menos seis opiniones. Si bien compartimos la idea que nuestra redención no está completa, no esperamos que llegue mágicamente por obra de un profeta. Hacer de este un mundo mejor para todos: Ese es el objetivo, y nuestra tarea. Y probablemente, solo al incluir a los demás, comenzamos a cumplir con esta tarea.
Vamos a tomar la primera de cuatro copas de vino Cediendo el control Al vino, a la historia, a Dios.
Estamos en Egipto, un lugar claustrofóbico, y Dios nos dice: Te liberaré. Te rescataré. Te redimiré. Y te traeré hacia mi. Santifica el día con la primera copa.
Te liberaré -dice Dios-, de los lastres de Egipto.
Muy bien... pero, ¿y los lastres de hoy en día?
Guerra, explotación, esclavitud, desigualdad...
Muchas cosas no han cambiado.
Mejor será salir, levantarnos, Resistir a quienes nos oprimen Y cada uno liberar nuestros lugares. Así que bebamos de la Copa de la Santificación; el fruto de nuestras esperanzas y oraciones.
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, בּוֹרֵא פְּרִי הַגָּפֶן
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, borei pri hagafen.
Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que creaste el fruto de la vid.
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְּמָנוּ וְהִגִּיעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּה
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, she-hejeianu v’ki’manu v’higuianu lazman hazeh.
Bendito eres tu, Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que nos diste la vida, nos sostuviste y nos hiciste presenciar este momento.
Y bien, este es el Maguid.
La parte del Seder donde contamos la historia
De nuestra partida de Egipto.
Aunque en realidad,
Pasamos más tiempo hablando sobre contar la historia, que contando la historia.
Esta es una haggadah muy meta,
Llena de números,
Cuatro preguntas,
Cuatro copas de vino,
Cuatro hijos,
Cuatro formas de preguntar,
¿Por qué esta noche es distinta a las demás?
El primer hijo,
Se lo sabe por libros.
El hijo sabio
Se sabe todas las reglas.
Es directo,
Sin cuentos,
Esto es lo que debes hacer en Pesaj:
Cuenta la historia
Moja las yerbas
Reclínate
Bebe cuatro copas
No comas pan leudado
Haz las preguntas
Oye las respuestas.
Es obvio.
Duh.
La segunda hija,
La que se pasa de lista,
Es lista, y se pasa tirando mierda.
No le importan las reglas
Si no sabe su propósito
Quiere contenido
Lo repite hasta volverse imposible
Porque a veces, formular la pregunta
Que lógicamente debe venir
No es posible, sin caerle mal a alguien.
“Qué significa esta historia para ti?” pregunta.
Y suena como un reto, pero no lo es.
Realmente quiere saber:
¿Qué significa?
Entonces, le explicas:
Libertad para ser quien eres,
Para elegir y tomar decisiones, para buscar a Dios, le encuentres o no.
Para volverte una persona, y luego parte de un pueblo,
Para hacer preguntas.
El tercer hijo,
Un principiante,
No sabe qué hacer
Ni sabe por qué lo estamos haciendo…
No sabe que no sabe.
¡Un bebé!
Por lo que a él le dices,
Contamos una historia genial
Con un principio, un desenlace y un final
Y un héroe
Y un villano
Y milagros, bailes, y bichos y animales muertos y mucha sangre,
¡Te va a encantar!
Y por esto contamos la historia…
Para no olvidar que alguna vez fuimos esclavos,
Para no olvidar lo que Dios hizo por nosotros,
Para no olvidar la Torah,
Y el seder es nuestra forma de recordar.
Y porque recordamos
No esclavizamos a otros.
Nos maravillamos en presencia de Dios.
Estudiamos la Torah
Y contamos historias.
Y luego está la hija que no sabe qué ni cómo preguntar.
¿Será porque no le importa?
¿Porque no tiene un contexto?
¿Está demasiado asimilada como para verle el interés?
Tal vez, ¿Es porque nadie le permite hablar…
…y entonces, ya ni siquiera lo intenta?
Sentada al final del bus,
No la dejan estudiar Torah,
Casada a los diecisiete,
Pariendo a los dieciocho.
No nos quedemos esperando que hablen.
Estiremos la mano y hablémosles,
Fuimos esclavos
Ahora somos libres
Y hay tanto por aprender y por hacer
Y tú puedes aprenderlo, tú puedes hacerlo
Y nosotros te ayudaremos.
Tienes el potencial,
Simplemente no lo sabes aún.
Ahora comparemos a estos cuatro niños
Con los cinco rabinos sentados conversando
En Bnai Brak.
Cada uno de ellos sabe de memoria el significado literal.
Todos probando a tocar fondo de lo arcano y lo simbólico.
Cualquiera de ellos puede contar un cuento para llenar un vacío.
Cinco de cinco han sido inspirados por la revelación de Dios.
Conocen las reglas, y el significado y las historias
Y, oh por Dios, si tendrán el privilegio de hablar.
Se quedan despiertos toda la noche
¡Y hablan, hablan y hablan!
Cada uno más inteligente que el otro
Pero llegada la mañana, al entrar sus discípulos,
Aún no han dicho sus rezos.
Porque son incapaces de parar de hablar.
Y le dicen a los estudiantes,
“¡Oigan ustedes…
...Shema – Escuchen!
¿Por qué esta noche es distinta a las demás?”
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